No hacía mucho que habíamos terminado las clases de traducción literaria de la facultad cuando decidimos asistir a los talleres de traducción organizados por el Centro Antonio Machado (CIAM) en Soria. De esa forma pretendíamos poner a prueba los conocimientos adquiridos durante la carrera. En el momento en que supimos que íbamos a traducir el Jabberwocky de Lewis Carroll, cumbre del género del nonsense, la apuesta nos pareció muy arriesgada, a pesar de que en clase habíamos tratado ya algún fragmento de la obra de Carroll.
En la tarde de nuestra llegada, la sesión de bienvenida nos permitió conocer a los demás participantes en los talleres de italiano, inglés y alemán, y familiarizarnos con el lugar de trabajo.
Los talleres empezaron el día siguiente. En nuestro caso nos habíamos apuntado al taller de inglés, dirigido por Juan Gabriel López Guix, y con él iniciamos nuestra incursión a través del espejo.
Dadas las dificultades de la obra, no solo de traducción sino también de comprensión, la sesión de la mañana se centró en analizarlas y resolverlas con la ayuda de diversos recursos como obras anotadas y la reflexión a la que nos inducía el profesor. Nuestra sorpresa fue que ese mismo día ya empezamos a traducir el texto con bastante fluidez: lo que antes, al recibir los materiales del taller, nos había parecido un mar de dudas era ya tan solo un rompecabezas del que teníamos todas las piezas. En eso consistió la sesión de la tarde: armar el rompecabezas. Todos los participantes del taller tuvimos la oportunidad de dar nuestra opinión y compartir diferentes puntos de vista hasta dar con una opción válida que nos gustara a todos. Todo esto acompañado de un ambiente dinámico y con flujo de ideas constante.
Después de haber pasado gran parte del día traduciendo en el aula, llegó el momento de disfrutar de la ciudad y su cultura. El novelista, traductor y director del CIAM J. Á. González Sainz nos ofreció una visita guiada que comenzó en la portada de la iglesia de Santo Domingo, subió hasta el cerro del Castillo, recordó las huellas de Antonio Machado, Gerardo Diego y otros escritores, y luego acabó en una cena a la orilla del Duero.
La sesión del tercer y último día se centró en repasar el texto en busca de erratas y mejoras y comprobar la versión definitiva con una lectura final. Además, se comparó con otras traducciones alternativas realizadas en paralelo durante el taller y también con otras ya existentes. Para finalizar el taller, Gabriel nos mostró algunos ejemplos audiovisuales de la influencia del Jabberwocky en la cultura occidental y de cómo el poema había sido utilizado en el ámbito de diferentes disciplinas artísticas.
En definitiva, fue una experiencia muy gratificante que nos llenó a nivel personal y también cultural. Compartir espacio tanto con traductores ya consagrados como con otros estudiantes de traducción o traductores noveles fue muy enriquecedor y tal como diría nuestra colega Carla López, empezamos a tejer la pequeña red que nos vincula al mundo de la traducción.
Sin duda alguna volveríamos a repetir.
Soria, septiembre 2019
(Taller de traducción literaria 2019)